Estar bien… sí, ¡se puede!

No se cuantos años me llevó llegar a darme cuenta que no estaba «internamente» bien. Y es que no te das cuenta que te acostumbraste a vivir mal.  Y cuando lo ves es muy duro, porque no sabes qué hacer. Porque el sentido de esta vida que es tan dura, en parte es estar bien sea cual sea tu realidad de vida.

Creo que todo el que se sienta incómodo de alguna manera debe buscar ayuda


Me sentía incompleto, incómodo, estancado y veía mi vida gris. Y lo peor es que no sabía qué hacer. Y como para mi, Dios, hace todo cuanto necesitamos y lo que nos conviene cuando es mejor para nosotros,  me conectó con una amiga que tenía más de 20 años de no ver y en el 2018, en medio de esta «incomodidad» apareció  Carolina. Resultó ser que se había convertido en terapeuta y coach de vida en Canadá y yo no tenía ni idea y me ofreció su ayuda. Y hablando con ella casi tres  veces por semana, o más  pues me contó lo que hacía para vivir y lo que había estudiado y empezamos a tratar temas vitales de mi vida: y se fue desenredando una madeja de hilos negros que ella sabiamente pudo desenmarañar y los puso al aire.

No se de cuántas cosas hablamos, pero fueron temas  variados y fuertes porque ver los pozos negros del alma es muy difícil de tocarlos,  sin salir corriendo del susto en el intento. Le agradezco su oído atento, su sinceridad, su claridad al tocar los temas y dar una luz, una solución. Creo que nunca he hablado tan abiertamente con nadie.

Y es que Carolina me decía, ¡hay que estar bien! ¡No se puede vivir así! y persiguiendo ese estado de vida  es que ella me dio 2 años de su tiempo. Esto jamás podré terminar de agradecerle. Y tener la claridad de lo que yo necesitaba.

Hoy en día como ella está muy lejos y no es médico,  hubo la necesidad de acudir a un médico porque mi problema se desbordaba y había un desequilibrio químico, que es lo último que ella logró ver.

Ya va para 5 meses de esta vuelta de timón y gracias a Dios, a Carolina y otros ángeles en el camino es que hoy puedo decir que se va estabilizando la mente, se van yendo los grises y se puede empezar a sentir bien, porque se puede aunque no lo creas.

Hay luz al final del túnel.

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