El lector pervertido

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El lector pervertido sabía muy bien cómo escoger a sus víctimas. Más que oyente se convertía en lector y de esa manera «cazaba» más fácilmente a sus presas. Podrían ser una o no, siempre y cuando se dejaran virtualmente «tocar» por el lector pervertido.

Este personaje era un experto en saber cómo anclarse en una conversación. Había desarrollado un perfil específico que escogía y luego de eso, zaz, salía al acecho y cazaba en línea. Generalmente, buscaba personas solas que no tuvieran muchas fotos en sus álbumes de redes sociales o que generalmente aparecían solos o solas. Le interesaban la gente que se dedicaba a querer poner pensamientos elevados o psicológicos o gente que aceptaba en redes a cualquiera que le pidiera amistad. No tenía predilección por un tipo de sexo en específico, le era indistinto, pues lo que le interesaban eran adultos que quisieran desahogarse y contar con él para ser escuchados y que de esa forma pudieran «engancharse» en una platica amena que llevara al que preguntaba a recibir las respuestas más suculentas.

¿Qué le interesaba? Le interesaba saber detalles íntimos y como lobo hambriento se saboreaba cuando lograba llevar la conversación de chat hasta donde la persona se «abriera» completamente y contara todas sus intimidades. Para él, poder tomar nota y seguir con su colección de conversaciones innombrables era lo máximo, y dichas charlas  las mantenía escondidas impresas en una carpeta, sin que ninguna de las presas virtuales pudiera pensarlo que hacía eso o nadie de su entorno. Sabía cómo escoger las palabras adecuadas, sabía también cómo usar las salas de chat y no utilizar las tan famosas palabras detectadas por los robots que pudieran detectarlo y expulsarlo por ser  un atrapa secretos experto descarado y despiadado.

En general la gente no tenía sospechas cuando empezaba una conversación, pero la insistencia de este personaje hacía a la gente sospechar, pero nunca accedía a verse en persona con nadie. Por supuesto, todos sus perfiles en línea eran falsos o sea que su huella tecnológica era indetectable, lo que hacía la búsqueda infructuosa si alguien quería investigarlo y ponerle cara.

Se podría decir que el lector pervertido era inofensivo porque no llegaba a verse con nadie, pero entraba en la mente de las personas, las hacía confiar y desahogarse con palabras, pero no había interacción real, por lo que entra la duda si era pervertido o no.

Quizás su perversión mayor era saber secretos, pero no los compartía con nadie, sin embargo se encontraba en una soledad inmensa que aunque se sentía vivo con esas charlas, nunca terminaban de llenarlo porque nada sustituye el verdadero placer de la compañía de una persona y de hablar cara a cara.

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