El dolor, ¿ lo manejas o te maneja?

Redcross

El dolor tan presente y tan ausente en nuestra vida. Presente si lo enfrentamos quizás por un dolor físico pero cuando se va o se acaba la causa de ese dolor físico llega una sensación de alivio y se vuelve ausente, pero queda otro tipo de dolor. Ese dolor que siempre llevamos dentro: el de no recuperarnos de heridas del pasado, de no aceptar las circunstancias que nos han tocado vivir o de simplemente no aceptar nuestra vida.

El dolor moral (no sé si así se llama) y el físico tan junto y tan separados porque el primero si no trabajas en él te consume. Para el segundo te puedes tomar un analgésico o quitas el orígen del mismo y pasa, pero para el segundo habilidades y ayudas mayores serán necesarias para poder superarlo. Sin embargo, es necesario mencionar que el principal ayudador para que el dolor moral pase y se vaya de tu vida eres tú mismo. Sé que es muy difícil llegar a la raíz del dolor, porque a la larga lo que proyectamos en nuestro exterior son efectos de nuestro dolor, con decisiones, con actitudes y con formas de actuar que son un grito de auxilio pero que no mucha gente puede identificar o mucha gente no quiere ver o no quiere involucrarse. Hasta uno mismo, luego de hacer por reiteradas ocasiones actividades que se vuelven comunes y triviales pueden llegar a convertirse en un síntoma del dolor que te consume y no te das cuenta.

No sé qué te pase hoy. No sé si te duele una parte de tu cuerpo o si por el contrario padeces un dolor físico crónico, lo que sí sé es que el dolor no puede gobernar nuestra mente y nuestra vida. Igual sé que es duro mirarse hacia dentro porque nuestras oscuridades que las conoce Dios perfectamente nos dan miedo o ver de lo que somos capaces nos aterra aún más. Sólo te digo hoy intenta mirarte a ti mismo, descubre porqué te duele, porqué no superas lo que te tiene atenazado allí bajo esa capa gruesa de dolor y libérate. No sé en qué crees y pide que salga ese dolor, lo que sí se es que el dolor puede consumirte y hasta matarte, pues puede llegar a ser una pesada carga insoportable si no sabes identificar sus síntomas, sacarlos de forma adecuada y responsable y extirpar la raíz.

La vida te puede marcar, pero tú eres capaz de quitarte esa marca, pues tienes derecho a vivir sin dolor, aunque es una realidad que la misma vida no está exenta de dolor,  lo importante es cómo lo vivimos y lo manejamos, cómo nos relacionamos con él y sobre todo cómo lo inhabilitamos para que no gobierne nuestra vida. Tarea titánica pero de valientes, porque llegar a tu raíz de dolor será el inicio de un brillante futuro, que no estará exento de dolor, pero que sí te ayudará a saberlo manejar mucho mejor de lo que hayas hecho hasta ahora. ¿Lo has intentado? Prueba aunque sea una vez ver de dónde viene tu dolor o tu insatisfacción y talvez es algo sencillo pero seguro que lo puedes resolver.

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Un comentario sobre “El dolor, ¿ lo manejas o te maneja?

  1. En efecto, Robert, hay dolores que se instalan en el cuerpo cuando uno calla y elije no mirar. Al silenciar los dolores emocionales (morales, psíquicos o como sea que uno decida llamarlos) se produce el síntoma. No es lo mismo tener migraña cuando hay un problema neurológico que sufrir de intensos dolores de cabeza sin antecedentes médicos que nos indiquen alguna patología. Lo que intento expresar es que estamos sumidos en la lógica que separa y enfrenta al cuerpo con el alma, cuando la realidad es que los humanos somos una totalidad compleja.
    Sí, es necesario ser consecuente con uno mismo y animarse a pedir ayuda. No existe la panacea universal que nos redima de todos nuestros temores. La verdadera sanación pasa por la palabra. Hablo con conocimiento de causa. Y con «palabra» me refiero a poder charlar y compartir las angustias tanto con las personas en las que depositamos nuestra confianza como a orar. El poder de la oración es fuerte porque cuando hay fe, es posible sanar y llevar con dignidad esas heridas sin que se conviertan en mochilas pesadas.

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